
Hoy queremos profundizar en una palabra tan escuchada como malinterpretada: el CORE. A menudo se reduce al fortalecimiento de los abdominales, pero la evidencia científica actual redefine el core no como un grupo muscular aislado, sino como un sistema de estabilización dinámica y adaptativa del tronco, compuesto por músculos locales y globales que trabajan en red: el diafragma, el suelo pélvico, el transverso del abdomen, los multífidos, los músculos del suelo abdominal profundo y los estabilizadores de la columna lumbar y torácica.
Según investigaciones recientes, el core no se activa por contracción aislada, sino mediante una coordinación neurofisiológica anticipada que prepara el cuerpo ante cualquier movimiento. Su función no es solo “sostener”, sino regular la presión intra abdominal, amortiguar cargas, transferir fuerza entre extremidades y permitir movimientos eficientes y seguros. En este sentido, el centro no es estático, sino un sistema vivo que responde continuamente a las demandas del entorno.
Para los profesores de pilates se hace indispensable entender el centro desde una visión tridimensional y relacional: no sólo como un cinturón abdominal, sino como un eje vital que organiza el cuerpo en los tres planos del movimiento. Lo sentimos y trabajamos como un punto de integración entre adelante y atrás, arriba y abajo, derecha e izquierda. No se trata de apretar, sino de conectar: sentir cómo un movimiento hacia delante requiere un contrapeso atrás y cómo girar a un lado activa una espiral que equilibra ambos lados.
Este enfoque no busca más fuerza, sino mayor inteligencia del movimiento. Porque cuando el centro se vive como un espacio de equilibrio y relación entre las oposiciones, el cuerpo no solo se estabiliza, sino que se libera. Y es en esa libertad donde nace el verdadero control, la fluidez y la salud a largo plazo. El centro, entonces, no está solo en el abdomen, está en la conexión y en el balance
Cada vez que leo ciencia confirmo que lo que hacemos en Pilates tiene un fundamento profundo. El estudio Neuromuscular adaptations to Pilates training (2020) muestra que el Pilates transforma la manera como el cerebro controla el tronco.
En conclusión:
Pilates no solo entrena cuerpos “entrena cerebros”, eso es lo que lo hace verdaderamente transformador: enseñamos al cerebro a mover el cuerpo con equilibrio, conexión y libertad. No es creencia: es neurociencia aplicada.
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