
Joseph Pilates era un visionario. Cualquiera que haya leído sus libros, y, utilizado y sentido su técnica y equipos, lo sabe.
En su época esos equipos, por ejemplo el Reformer -que desde entonces parece más de tortura que de movimiento- eran una gran revolución. Una revolución para convertir el movimiento en lo que es: Vida. Amo esa frase de Ron Fletcher -alumno original de Pilates- “El movimiento es vida, la vida es movimiento”.
Por donde mires la técnica y el Reformer como el equipo más representativo, sólo ves movimiento. Su diseño impecable, tiene la capacidad de potenciar el movimiento de formas inesperadaas, de aumentar rangos en las articulaciones, de asistir y resistir, de exaltar los principios en cada ejercicio.
No hay forma de no mejorar la capacidad de movimiento del cuerpo, de todos los cuerpos con un reformer. Ejercicios que involucran desde los pies, pasando por las extremidades, la columna, boca arriba, boca abajo, sentados, de pie, todas las opciones. Toda la mecánica de columna también. Fortaleza, flexibilidad, pero sobre todo mucha consciencia y espacio.
La principal razón para utilizarlo, es que desde un trabajo de quince minutos se puede lograr movimiento enmarcado en los principios que siempre usamos, y un bienestar enorme, en donde además hay beneficios para todas las esferas del ser.
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